¡Una buena ración de autoestima, por favor!

Vivir la vida con autoestima tiene un valor incalculable. Voy a reproducir un texto de Nathaniel Branden, psicoterapeuta canadiense, autor de libros de autoayuda y de numerosos artículos sobre ética y filosofía políticas y que trabajó especialmente en el campo de la psicología de la autoestima:

“El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, desde la manera en que funcionamos en el trabajo, en el amor o el sexo, hasta nuestro proceder como padres y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida.
Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quiénes pensamos que somos.
Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que tenemos de nosotros mismos. Por lo tanto, la autoestima es la clave del éxito o del fracaso.”

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El mismo autor, en su libro Los seis Pilares de la Autoestima,  nos da la siguiente definición:
“La autoestima, plenamente consumada, es la experiencia fundamental de que podemos llevar una vida significativa y cumplir sus exigencias. Más concretamente, podemos decir que la autoestima es lo siguiente:
1. La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.
2. La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos, y de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.”

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LAS SEIS PRÁCTICAS DE LA AUTOESTIMA SEGÚN BRANDEN 
Puede que hayamos sido bendecidos con unos padres, unos maestros, unos familiares, unos amigos y unos compañeros que no se hayan atravesado entre nuestra autoestima y nosotros, pero si eso no es así, no importa,  la práctica nos conduce de la mano hacia la mejor persona que podamos llegar a ser:

          1. La práctica de vivir conscientemente 
Vivir de manera consciente significa estar conectados con nuestros actos, nuestras motivaciones, valores y propósitos y comportarnos de manera razonable. La acción debe ser adecuada a la consciencia. El vivir conscientemente es vivir siendo responsable hacia la realidad, preocuparnos, sobre todo, de distinguir los hechos en sí de las interpretaciones que hagamos sobre los hechos o de las emociones que nos generen. Otro aspecto importante es interesarnos en saber dónde estamos en relación con nuestros proyectos de vida, si los estamos logrando o estamos fracasando. Estar dispuesto a ver y corregir nuestros errores. Ser receptivo a los nuevos conocimientos y estar dispuesto a reexaminar nuestras creencias. Perseverar en el intento de comprender pese a las dificultades. Comprometernos con la vida como si se tratara de un camino de superación y aprendizaje.

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          2. La práctica de la aceptación de sí mismo 
La aceptación de sí mismo conlleva la idea de compasión, de ser amigo de uno mismo. Branden lo explica así: “Supongamos que he hecho algo que lamento, o de lo cual estoy avergonzado y por lo cual me reprocho. La aceptación de sí mismo no niega la realidad, no afirma que sea en realidad correcto lo que está mal, sino que indaga el contexto en el que se llevó a cabo una acción. Quiere comprender el porqué. Quiere conocer por qué algo que está mal o es inadecuado se consideró deseable o adecuado o incluso necesario en su momento.”

          3. La práctica de la responsabilidad de sí mismo 
Es asumir que somos los artífices de nuestras propias vidas, que somos responsables de la consecución de nuestros propios deseos, de las elecciones que hacemos, de las consecuencias de nuestros actos y de los comportamientos que asumimos frente a las demás personas, de las propias conductas, de la forma de jerarquizar el tiempo del que disponemos, de la felicidad personal, de aceptar o elegir los valores según los cuales vivimos.

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          4. La práctica de la autoafirmación 
La autoafirmación significa respetar nuestros deseos, necesidades y valores y buscar su forma de expresión adecuada en la realidad. Significa la disposición a valernos por nosotros mismos, a ser quienes somos abiertamente, a tratarnos con respeto en todas las relaciones humanas. Está relacionada con la autenticidad.

          5. La práctica de vivir con propósito 
Vivir con propósito es fijarse metas productivas en co  nsonancia con nuestras capacidades. Fijarse metas concretas y actuar para conseguirlas. Para ello es necesario cultivar la autodisciplina, es decir la capacidad de organizar nuestra conducta en el tiempo al servicio de tareas concretas. Hay que prestar atención al resultado de nuestros actos para averiguar si nos conducen a donde queremos llegar.

          6. La práctica de la integridad personal 
Tiene que haber una coherencia entre nuestros valores, nuestros ideales y la práctica de nuestro comportamiento. Nuestra conducta debe reconducir a nuestros valores. Significa cumplir con nuestros compromisos, con nuestra palabra y genera confianza en quienes nos conocen. Es el aspecto moral de la autoestima del que no se puede prescindir.

Así que pongámonos manos a la obra, el esfuerzo vale la pena ¡por nosotros!

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